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18 Abr 2016 Algo está cambiando

Siempre hemos visto que lo más ortodoxo para realizar inversiones a largo plazo es financiarlas a un tipo de interés fijo, mientras que las inversiones de circulante se financiarían con tipo de interés variable. Aplicado este conocimiento a nuestra vida personal, la hipoteca que debemos pagar durante 30 años debiera financiarse a un tipo de interés fijo.

Nada más lejos de la realidad… hasta ahora. El concepto está cambiando. En el contexto actual en el que el euríbor se sitúa en mínimos históricos (que provoca que los ingresos de las entidades financieras por los créditos referenciados a ese índice variable se reduzcan significativamente) y con un consumidor especialmente sensibilizado con los gastos por comisiones (disminuyendo los ingresos de los bancos por gastos y comisiones), los bancos empiezan a ofrecer la contratación de hipotecas con interés fijo para mantener su facturación.

A finales de 2015 las hipotecas a tipo fijo representaban el 9,8% del total de los nuevos préstamos concedidos. Solo un año antes suponían el 6,4% y en 2008 (inmediatamente después del estallido de la crisis y la burbuja inmobiliaria) únicamente suponían el 2,6%.

En las hipotecas a tipo fijo conocemos siempre el interés que pagaremos por el préstamo, lo que proporciona estabilidad frente a la volatilidad del mercado. Sin embargo, en los créditos a tipo variable, el interés varía en función del nivel del índice, que suele ser el euríbor.

Actualmente, con el euríbor en negativo las hipotecas a tipo variable pueden parecer rentables. Sin embargo, bastaría con que el euríbor superase de nuevo el 1,5% (en 2008 rozó el 6%) para que una hipoteca a tipo fijo concedida ahora suponga dentro de unos años un ahorro considerable respecto a otra con tipo variable.

Si hacemos nuestros cálculos y vemos que podemos hacer frente al pago de la hipoteca mensual con tipo fijo, nos llevaría a pensar que debemos contratar la hipoteca a tipo fijo. De esta forma evitaríamos futuros riesgos ante posibles subidas del euríbor.

Pero no sé si por nuestra diferente visión que ya de por sí tenemos en España respecto al sector inmobiliario frente al resto de Europa, o para evitar el doloroso pensamiento de comparar a corto plazo lo que estamos pagando de más por tener un préstamo con tipo fijo, seguimos firmando las hipotecas con tipo de interés variable. A pesar de que, de esta forma, no tendríamos ninguna incertidumbre sobre nuestras cuotas a pagar.

Fernando Andueza

CEIN

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