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14 Feb 2020 Ikigai, lectura obligatoria

¿Conocías ya el término? Si no es así, te invito a dedicar cinco minutos a reflexionarlo. Si ya lo conocías, me encantaría saber tu opinión en comentarios.

En Europa se ha traducido IKIGAI como ÉXITO y así es como se vende, como “la herramienta para alcanzar el éxito empresarial”. Y todas y todos buscamos el éxito empresarial, probablemente porque existe la tendencia generalizada de pensar que éxito es igual a felicidad (y esto es algo totalmente discutible), pero en cualquier caso, para ser precisos, IKIGAI es un término japonés que puede traducirse como “la razón de ser”. El porqué.

Es un término que se asocia a mi existencia personal, a la razón por la que estoy en este planeta, a la motivación y al porqué de mi existencia. Y si bien es un concepto más que interesante y profundo para la reflexión individual, es un término obligatorio para la reflexión empresarial.

Una introspección tan profunda siempre genera todo tipo de motivos y excusas para no hacerla, lo sé. Y por eso llevarla al campo profesional resulta mucho más aséptico, porque creemos que de esa manera no se tocan pilares personales importantes (la empresa no soy yo). No obstante, si analizamos con sinceridad, empezaremos a tomar consciencia de que no hay un negocio sin personas que lo sostengan, ni hay valores empresariales que no sean un fiel reflejo de los valores personales de quienes los han definido, ni hay vida personal que no se vea afectada por las decisiones profesionales.

El ikigai te obliga a hacerte preguntas como… ¿por qué vas a montar ese negocio en vez de buscarte un trabajo? ¿Por qué vas a firmar un préstamo en el que te comprometes a devolver un dinero que no sabes si conseguirás? ¿Por qué vas a hipotecar la casa de tus padres, que probablemente sea lo único que han conseguido ahorrar durante toda una vida? ¿Por qué vas a reducir tu tiempo como madre o padre a la mínima expresión? ¿Por qué quieres convertirte en responsable económico de otras personas? ¿Por qué vas a pasar noches y días enteros dudando de si las decisiones que has tomado son las más acertadas? ¿Por qué vas a acabar en juicios con personas en las que antes confiabas? ¿Por qué vas a vivir pegado al móvil? ¿Por qué te vas a atar emocional y económicamente a esa persona a la que ahora llamarás socio o socia? ¿Por qué quieres vivir diariamente con la incertidumbre de no saber si hoy conseguirás dinero suficiente para llevar a casa? ¿Por qué quieres gastar el poco o mucho dinero que tengas ahorrado en esa idea de negocio? ¿Por qué vas a dedicar la gran mayoría de las horas de tu vida a trabajar con y para ese perfil de cliente?

Estas preguntas son incómodas y siempre preferimos evitarlas, pero puesto que toda decisión empresarial afecta sí o sí a tu vida personal, ¿no merece la pena pensarlas un poco, o mucho?

¿Y cómo podemos pensar en nuestro propio IKIGAI (empresarial)?

Las variables que tiene en cuenta son las siguientes:

Lo que nos gusta hacer: es decir, aquello con lo que verdaderamente disfrutamos. Aquello que hace que el tiempo vuele.

Lo que hacemos bien: es decir, nuestras habilidades y talentos, nuestras fortalezas, aquello en lo que somos buenas o buenos. Ese 10 que toda persona tiene en algún área y que le sale “fácil”.

Aquello por lo que nos pueden pagar: es decir, aquello con lo que podemos ganar dinero. Y este aspecto es muy importante para los negocios, porque es el que diferencia un hobbie de un negocio. Es lo que me permite vivir de aquello que me gusta hacer y se me da bien.

Lo que necesita el mundo: es decir, el valor que aportamos a la sociedad con nuestro negocio. El cómo contribuimos a crear un mundo mejor.

De las relaciones entre estos cuatro factores, van surgiendo nuevos conceptos. No obstante, el ikigai sólo se da cuando confluyen los cuatro.

Cuando nos gusta hacer algo y además lo hacemos muy bien, aparece la PASIÓN.

Pero por mucha pasión que tengas por la cocina, nada te garantiza que alguien esté dispuesto a pagar por ello si te dedicas a vender platos preparados a domicilio.

Cuando tenemos talento en algo y además alguien está dispuesto a pagar por ello, aparece nuestra PROFESIÓN. No obstante, se nos puede dar muy bien nuestro trabajo, pero si es algo que no te gusta, que no te llena y que dejarías de hacer sin pensarlo si tuvieras otra opción, no llegaremos a nuestro ikigai. (Según una encuesta de Gallup el 85% de las personas trabajadoras en todo el mundo admite, cuando han sido preguntados anónimamente, que su trabajo no les satisface y no se sienten comprometidas ni identificadas con el mismo.)

Cuando conseguimos encontrar algo que la sociedad necesita y por lo que los demás están dispuestos a pagar, aparece la VOCACIÓN. No obstante, podemos no tener las habilidades suficientes para poder hacerlo, o que simplemente no disfrutemos verdaderamente con ello.

Y cuando lo que el mundo necesita se une con lo que nos gusta hacer, nos encontramos con nuestra MISIÓN en la vida, aunque no necesariamente podamos vivir de ello.

¿Qué es ikigai, entonces? Es la conjunción de lo que me gusta hacer, lo que se me da bien hacer, aquello por lo que los demás están dispuestos a pagar y que además consigue generar valor a la sociedad.  Solo, eso .

El concepto de ikigai conecta directamente con otro concepto que es el de la MOTIVACIÓN. ¿Y qué es la motivación? Pues literalmente, tener motivos para la acción. Tener clara la razón de ser es por supuesto el principal motor para la acción y la respuesta a todas las dudas que asaltan a la hora de montar una empresa y a la hora de seguir apostando económica, personal y familiarmente por esa empresa.

Pero además, el concepto va mucho más allá. Tener un ikigai claro no sólo sirve para tener una razón de ser empresarial. Consigue conectar emocionalmente con las personas para las que estás construyendo un mundo mejor desde tus propios valores. Y ese, no sólo es uno de los mayores vínculos comerciales que puedes tener, también es un gran motor para conectar con tus empleados y empleadas y para convencer a quienes te financien.

Y sí, soy perfectamente consciente de que la primera vez que lo lees suena a “imposible”, pero te propongo que mires con estas gafas a muchos de los negocios de nicho a los que sigues en redes sociales, o a los que tienes suscripción en boletines y mailing o a las que dedicas más dinero, por ajustados que tengas los gastos. ¿Qué es lo que te engancha a esas marcas? ¿Por qué prefieres comprarles a ellos y no a otros? Pues seguramente porque conectas con su ikigai.

El ikigai es un concepto que abordamos en la primera sesión en la Aceleradora empresarial de CEIN. Si has llegado hasta aquí, ya tienes los primeros 20 minutos hechos. Sólo te quedan 100 minutos más y otras 5 sesiones. Te esperamos. Todo el mundo dice que merece la pena. ¡Espero tus comentarios!

 

Leyre Ortega. CEIN

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