¿Nos vamos de juevintxo?

Si hace unos años nos hubieran preguntado esto habríamos puesto una cara rara. Sin embargo, hoy en día es algo conocido por todo el mundo y ya forma parte de nuestras conversaciones habituales.

Cuando llegó la crisis, el consumo en bares y restaurantes se redujo y con ello el cierre de caja de estos negocios. Un grupo de bares se pusieron de acuerdo y decidieron crear una oferta diferente combinando los hábitos sociales de “ir de bares”, un paquete de producto con bebida y pintxo, un precio atractivo, un periodo de tiempo limitado, los jueves por la tarde y la misma oferta en varios bares lo que te permitía disfrutar de la experiencia del poteo. Como consecuencia, mucha gente que no tenía costumbre de salir los jueves se ha animado a hacerlo y el gasto medio por persona en esos días ha aumentado significativamente. En definitiva, con una combinación diferente y adaptada a los tiempos han conseguido aportar más VALOR a su clientela y a sus negocios creando además un “actividad social concreta”, el juevintxo.

El mundo globalizado y la gran rapidez de los cambios, las tecnologías, los productos, los negocios, hacen que toda empresa que quiera sobrevivir en el tiempo tenga que encontrar y añadir valor a lo que ya existe y así conseguir diferenciarse de la competencia para conseguir ser “más apetecible”. Esto es la innovación: VALOR. Puedes tener muchas ideas, inventos, intentos, pero si no consigues que tengan un resultado no será innovación.

Muchas empresas buscan ese valor, esa diferencia, en crear nuevos productos/servicios, muchas veces motivadas por nuevas tecnologías que aporten mejores respuestas a problemas/ necesidades ya existentes: la realidad virtual para hacer formaciones más amenas y efectivas; los drones para conseguir información de gran valor desde el cielo; la inteligencia y la visión artificial para conseguir disminuir los errores en calidad que pueden generar grandes quebraderos de cabeza; nuevos biofertilizantes para conseguir cuidar mejor la tierra y los productos que comemos; nuevos antibióticos para conseguir vencer a las bacterias del futuro. Estos son unos pocos ejemplos de lo que ofrecen las empresas innovadoras instaladas en nuestros Viveros… No hay que ir muy lejos para encontrar la innovación.

Cuando una empresa se “anima” a buscar algo que la diferencia de su competencia suele centrarse en buscar productos innovadores, pero la innovación puede ir mucho más allá, ya que hay diversas recetas para encontrar más valor y muchas veces no son complicadas y están al alcance de todas. Basta con mezclar los ingredientes de forma diferente (claro, siempre testando y validando que hay número de clientes suficiente para que sea viable): los típicos ejemplos de la fregona y del chupachus que con “sólo poner un palo” aportan valor añadido (no deslomarse a la hora de fregar el suelo o no mancharse a la hora de comer un caramelo); un restaurante que tapa los ojos a sus clientes para maximizar las experiencias de los sabores, olores y texturas de los alimentos; unos taxis rosas conducidos por mujeres para mujeres para disminuir el miedo de ir sola en un taxi; la cafetería de una gran ciudad que no cobra por el producto que consumes sino por el tiempo en el que estás ahí. Y, como estos, miles de ejemplos.

Pero la innovación no es sólo “cara afuera”, sino también “cara adentro”, la llamada innovación para la eficiencia: conseguir hacer lo mismo de forma más económica, con menos tiempo. Algunos ejemplos de este tipo de innovación serían incorporar un sistema de análisis de datos basados en big data o conseguir que el cliente realice parte del proceso (como ocurre en grandes supermercados a la hora de pagar).

Si consigues innovar, más pronto o más tarde lo verás en tu cuenta de resultados y en tu bolsillo.

El mundo no para, no te pares tú.

Begoña Bordonaba. CEIN

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