Segundo Cerebro y Jardin Digital
Dos maneras de gestionar tu conocimiento.
Nunca antes el ser humano había tenido acceso a tanta información tan fácilmente.
En nuestro día a día —y de manera cada vez más evidente— estamos constantemente expuestos a inputs de todo tipo.
Notificaciones, datos, imágenes, titulares que llegan a través de diferentes canales y acaban en un mismo lugar; nuestra cabeza.
Pero no evolucionamos para poder guardar todos estos datos en nuestro cerebro, y la saturación cada vez es mayor.
Como decía David Allen en su famoso libro, Gettings Things Done, «tu cabeza está para tener ideas, no para almacenarlas».
Por eso, en los últimos años han empezado a surgir cada vez más herramientas, estrategias y prácticas pensadas para ayudarnos a optimizar todo este flujo de información.
Forman parte de una disciplina conocida como Gestión del Conocimiento Personal, alrededor de la cual giran diferentes conceptos y métodos que comparten un objetivo común; ser capaces de usar la información que nos rodea a nuestro favor para convertirla en conocimiento y apoyarnos en ella para lograr nuestros objetivos.
Una vez empiezas a meter la cabeza en este mundo —que toca diferentes ramas de la productividad o del desarrollo personal, pero también del aprendizaje o la creatividad— es común encontrar términos como «Segundo Cerebro» o «Jardín Digital».
Aunque ambos hacen referencia a nuestra relación con la información y cómo la usamos, existen diferencias de matices entre ellos.
En este post veremos en qué consiste cada uno en lineas generales, en qué se diferencian, y cómo puedes realmente aproximarte a ambos dependiendo de la fase de emprendimiento en la que estés.
Qué es un Segundo Cerebro
El término «Segundo Cerebro» —en el contexto de la Gestión del Conocimiento— viene del inglés «Second Brain», un término usado por Tiago Forte para referirse, en realidad, a un sistema cuyo objetivo último es ayudarte a guardar la información que capturas en el día a día en un lugar externo a tu propia cabeza, normalmente una aplicación de notas.
Una vez te has asegurado de que toda la información relevante está guardada en una plataforma digital, tienes a tu alcance un archivo compuesto por tus recuerdos más valiosos, tus mejores ideas, la información más relevante para ayudarte a hacer tu trabajo, construir productos o llevar un negocio, pero también para gestionar tu vida personal sin preocuparte por tener que recordar cada detalle en tu cabeza.
Igual que llevar una biblioteca en el bolsillo, este sistema te permite delegar aquello que a tu mente no se le da bien (recordar, memorizar, guardar datos), para poder centrarte en lo importante; usarla para tener más y mejores ideas y nutrir esas ideas con todo el material de apoyo que hayas a su vez guardado en ese cerebro externo.
Para esto, uno de los cambios de mentalidad más importantes es el de pasar de guardar la información pensando en su temática, a hacerlo pensando en dónde vamos a poder aplicarla, para qué Proyecto nos sirve.
Este cambio de enfoque hace que —para asegurarte de que realmente aplicas la información que guardas— antes tengas que tener claro cuáles son los proyectos más importantes de tu vida en cada momento, porque esos son los proyectos que se nutrirán de ese material.
Si te fijas, esta aproximación particular a la información tiene también mucho de desarrollo personal; si no tienes unos objetivos claros, difícilmente podrás pensar en los proyectos necesarios para ayudarte a alcanzar esos objetivos.
👆 Esta es la razón por la que, muchas veces, guardamos cosas y acabamos olvidando dónde estaban o por qué las guardamos en primer lugar. No tenemos realmente un objetivo ni un proyecto en el que aplicar esa información, así que inevitablemente queda relegada y escondida por toda la información nueva que vamos introduciendo.
En cambio, si empiezas a guardar la información pasándola antes por el test de «¿dónde voy a usarla?», la conviertes automáticamente en algo accionable, asegurándote así de volver a ella para ayudarte con tus proyectos.
Como ves, este sistema requiere un mínimo de estructura, una aproximación a la generación de ideas de arriba a abajo, pensando siempre en su aplicación más práctica; qué es lo que quieres hacer o conseguir.
Esta mentalidad de Proyectos es muy útil cuando trabajamos con objetivos y plazos concretos, pero no siempre es así.
A veces, guardamos ideas sueltas. Llegamos a una reflexión interesante o algo que hemos visto o leído despierta en nuestra cabeza una chispa, aunque no sepamos muy bien qué hacer con ella.
Si esto te pasa mucho, existe un concepto algo diferente al del de «Segundo Cerebro» que propone una aproximación a la información y al conocimiento mucho más orgánica, el Jardín Digital.
Qué es un Jardín Digital
Para entender la idea detrás del concepto de Jardín Digital tenemos que remontarnos a la antigua concepción de la web, como un lugar donde la información corre y crece libre a raíz de relacionar unas páginas con otras basándose en criterios 100% personales, casi como un bosque o, efectivamente, un jardín.
Pero el origen del término propiamente dicho muy probablemente venga de una charla de 2015 de Mike Caulfield llamada The Garden and the Stream, en la que el autor contraponía dos imágenes de la web:
Como una Corriente y como un Jardín.
La web como una Corriente realmente es el modelo al que estamos más acostumbrados hoy en día, un entorno en el que somos bombardeados por retazos de información rápidos y sobre-simplificados que nos ponen muy difícil realmente ver una situación o problema desde diferentes ángulos para poder entenderlo o aprender de él.
En contraposición a esta idea, tendríamos el modelo de la web como un Jardín, como un espacio que nosotros mismas cultivamos, a medio camino entre un blog y un bloc de notas, que nos invita a la reflexión, a volcar ideas inacabadas y dejar que vayan creciendo de manera orgánica, según vayamos incorporando a ellas nuevas perspectivas o aprendizajes.
A diferencia del entorno digital con el que solemos interactuar en el día a día —donde encontramos piezas de información con una fecha de publicación, un principio y un final y uno o varios conceptos sin posibilidad de ser ampliados o contradichos— un Jardín Digital es un espacio al que podemos volver continuamente para seguir nutriendo lo que allí plantamos; las ideas que vamos dejando, las contradicciones que vayamos encontrando o las nuevas reflexiones que vayamos teniendo.
Es, por lo tanto, un entorno libre, orgánico y casi desordenado, que invita a reposar las ideas, a buscar sus diferentes ángulos y construir nuevos modelos mentales con el tiempo, en contraposición al modelo de publicación rápida, que busca el impacto inmediato y la viralidad por encima de todo.
En qué se diferencia un Segundo Cerebro de un Jardín Digital (y cómo se complementan)
Como ves, la idea detrás del Jardín Digital es parecida, en sus fundamentos, a la del Segundo Cerebro.
Ambas son plataformas externas a nuestra cabeza en las que podemos volcar nuestras ideas para volver a ellas y usarlas para crear o construir cosas.
Pero cómo nos aproximamos a estas ideas y cómo las usamos difiere en cada caso.
En el día a día, pensando en la información con la que tratamos a diario —ya sea en forma de recursos externos o ideas “internas”—, un Jardín Digital aspira a ser un lugar donde dejamos que crezca el conocimiento personal de manera acumulativa, como si fueran semillas en la tierra.
Por otro lado, has podido ver que la mentalidad detrás de un Segundo Cerebro está más orientada a la gestión de tareas, a elaborar nuestras ideas pensando en completar proyectos, alcanzar objetivos claros.
Un Jardín Digital está basado sobre todo en ideas, en notas; mientras que el oxígeno de un Segundo Cerebro son tus Proyectos activos.
Un Jardín Digital requiere paciencia, amplitud de miras, curiosidad y una inclinación a abrazar la incertidumbre.
Por otro lado, trabajar con un Segundo Cerebro te ayuda a concretar tus ideas, te invita a buscar su aplicación más directa y, en ese proceso, a dar con soluciones rápidas.
Ambos son compatibles y complementarios, ya que ambos juegan un papel importante en las diferentes fases del proceso creativo.
Necesitas capturar la información externa que llega a ti para poder interactuar con ella, y es en esta interacción activa en la que surgen las chispas, esos momentos de insight que dan lugar a nuevas ideas, esta vez internas.
Esas ideas pueden ayudarnos a completar nuestros proyectos, por lo que las trabajaremos con una aproximación mucho más estructurada, pero también podemos dejar que sencillamente crezcan libres, aproximándonos a ellas con una mentalidad diferente, dejando que se generen ideas nuevas gracias a una aproximación de abajo a arriba.
Tanto el concepto de Segundo Cerebro como el de Jardín Digital forman parte de ese mapa mucho más amplio que es la Gestión del Conocimiento Personal, que al fin y al cabo se encarga de ayudarnos a interactuar con la información del día a día para usarla como apoyo en nuestros objetivos personales y profesionales.
Esta idea se aterriza creando y diseñando un sistema que se encargue de cada una de estas fases dependiendo de tu mentalidad, de tus necesidades y del momento vital, creativo o de emprendimiento en el que te encuentres.
Pero ten siempre presente que el sistema perfecto es aquel que se adapta a tí y no al revés.
Espero que conocer estos conceptos te ayude a empezar a diseñar el sistema de Gestión del Conocimiento que funcione mejor contigo.
Autora: Elena Madrigal – Pensar mejor para crear mejor
Tutora Emprendimiento de alto Impacto – CEIN Digitech
Elena te acompaña a diseñar sistemas que te impulsen a ti y tu forma de trabajar; tanto hacia dentro —en ti misma— como hacia fuera, en tu negocio, dejando espacio a una vida más creativa, más plena y mejor.