Cultiva tu capital social: un mar de oportunidades
Es probable que hayas oído hablar del “capital social”. Pero no nos referimos al concepto económico o contable, a las aportaciones de los socios a una empresa, ni nada similar. Sino al concepto sociológico, a lo que posibilita la cooperación entre personas.
¿Qué es el capital social?
Desde un punto de vista sociológico, el capital social está formado por aquellos recursos de los que disponemos gracias a nuestras relaciones sociales. Está muy relacionado con nuestra red de contactos. Podemos utilizar los recursos de nuestro capital social como instrumentos para aumentar nuestra capacidad de acción y satisfacer nuestros objetivos y necesidades. Tenemos ejemplos cercanos cuando nuestra red nos ayuda a lograr un empleo o iniciar un proyecto de emprendimiento, cuando nos apoya para conquistar a esa persona que tanto nos gusta, nos da cobertura en momentos difíciles o contribuye, con su apoyo decidido, a que avancemos hacia nuestro propósito.
El capital social es un factor decisivo para que una persona logre mejoras sustanciales en sus condiciones de vida, bienestar y felicidad. Es clave para impulsar nuestras ideas de negocio más allá de nuestras capacidades y hacer realidad los proyectos de autoempleo. También es determinante para afrontar momentos de crisis. Es más, se trata de un elemento crucial para recuperarse en los momentos difíciles.
El ser humano es un ser relacional y en las relaciones sociales es donde se juegan las opciones de éxito en la vida. Como bien dijo el que fuera presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, “El ingrediente más importante en la fórmula del éxito, es saber relacionarse con la gente.»
El mantenimiento de los vínculos sociales requiere una inversión en términos de tiempo. Hay que dedicar espacios en nuestra agenda a este cometido. Mostrar interés por los demás, hacer preguntas, ser personas observadoras, escuchar de forma activa, son actividades que requieren dedicación, pero que tienen un gran retorno. El retorno de esta inversión es significativo, en forma de solidaridad, apoyo, respaldo, defensa, visibilidad, obtención de información, etc. Todo esto aumenta enormemente la capacidad de decisión y actuación de la persona. Además, la buena noticia es que el capital social depende de nuestra inteligencia emocional y habilidades sociales, algo que podemos entrenar y desarrollar en cualquier momento de nuestra vida.
¿Por qué debemos cuidar nuestro capital social?
Son muchas las investigaciones que ponen de manifiesto las ventajas que generan los contactos sociales. Según diversos estudios, las posibilidades de encontrar un empleo, llevar a éxito un proyecto empresarial y obtener una mayor remuneración económica por tu trabajo, están más relacionadas con la cantidad y calidad de las personas con las que mantenemos una relación duradera que con la formación y cantidad de títulos académicos que poseamos. Además, el capital social aporta enormes beneficios al bienestar subjetivo de las personas. Son muchos los autores que, desde diversas disciplinas, señalan que el mejor predictor de la felicidad de una persona es la profundidad y calidad de sus contactos sociales. Debemos cuidar nuestro capital social como lo que es: un preciado y valioso tesoro, un mar de oportunidades.
Claves para aumentar tu capital social.
Vistas las ventajas, tal vez ahora mismo te estás preguntando: ¿cómo puedo aumentar mi capital social? ¿Qué tengo que hacer para potenciar mis habilidades sociales? En las siguientes líneas te ofrecemos cinco sencillas claves que te ayudarán a aumentar la calidad y cantidad de tu red de contactos.
#1. Tu actitud es lo más importante.
Sin duda, la manera cómo nos relacionamos con nuestro entorno determina la salud de nuestro capital social. Hace algo más de un siglo que Dale Carnegie -autor de “Cómo hacer amigos e influir en las personas” y conocido como el padre de la empatía- identificó la relevancia de mantener una mente abierta y no alimentar prejuicios hacia los demás. La mejor manera de crear una red de contactos de calidad es querer compartir ideas, conocimientos, ilusiones y puntos de vista. Para ello, es preciso tomar una posición receptiva, una actitud optimista, proactiva, empática y respetuosa.
Para hacer un autodiagnóstico sobre nuestra actitud al respecto, podemos preguntarnos: ¿Soy el tipo de persona que me gustaría conocer?, ¿Cómo puedo ser una persona más atractiva para otras personas? En las respuestas hallaremos muchas de las claves para establecer nuevas relaciones.
#2. Acude a los lugares donde vayan los demás.
¿Dónde podemos conocer personas? La respuesta es sencilla: donde van las personas. Hay muchos espacios en los que compartir con otras personas. Puede parecernos difícil acudir a eventos con numerosos asistentes, pero realmente es la forma más eficaz de entablar nuevas conexiones. Cada actividad que llevemos a cabo puede ser una oportunidad para ampliar nuestros contactos. Hoy en día podemos encontrar muchas convocatorias en Internet, disponemos de infinidad de iniciativas de networking, proliferan cantidad de eventos sociales, el ecosistema emprendedor ofrece infinidad de iniciativas y las redes sociales profesionales también pueden ayudarnos en este empeño.
#3. Aprende a conversar.
Cuando se da la suerte de que conocemos a alguien que nos parece interesante, es el momento de poner a prueba nuestras habilidades de comunicación. Si buscamos alguna sugerencia, es posible que nos ayuden los consejos de Dale Carnegie. En primer lugar, es recomendable aprendernos el nombre de la otra persona y emplearlo para dirigirnos a ella. También nos ayuda el hecho de mantener una escucha activa y mostrar interés sincero por la otra persona. Lo que preguntamos y el modo en que lo hacemos es clave también. También es útil hablar en términos de lo que interesa a esa persona y hacerla sentir importante. Por último, nunca debemos olvidarnos de sonreír, es el mejor bálsamo en todas las relaciones sociales.
#4. No tengas prisa.
La confianza se fragua con el tiempo. No pienses en tu red de contactos como algo que rentabilizar de inmediato. La sabiduría popular nos recuerda a menudo: “Si quieres una buena cosecha, necesitas una buena siembra, un buen sustrato, regar, abonar, …” Alimenta tus relaciones sin esperar nada a cambio. Sé una persona generosa sin esperar nada y las personas te devolverán con creces lo que aportas. No olvides que ganas más interesándote de modo sincero por los/as demás que buscando que se interesen por ti.
#5. Cuida a tus amistades de toda la vida.
Aunque parezca obvio, no debemos olvidarnos nunca de aquellas personas que llevan tiempo en nuestro pequeño círculo de amistades. La ventaja es que ya las conocemos y nos conocen, así que lo único que tenemos que hacer es alimentar nuestra amistad. Quedar para tomar algo de vez en cuando, mantener contacto fluido en redes sociales o una llamada telefónica cada cierto tiempo, son gestos que mantienen la llama viva. ¿Cuántas veces te has lamentado por el largo tiempo que ha pasado desde que hablaste con esa persona que de verdad te importa? En el otro extremo, ¿Cuánto tiempo dedicas a personas que no te aportan demasiado? La calidad de tus relaciones y cómo las cultivas es esencial para el éxito.
En definitiva, el capital social es un tesoro que debemos cultivar y cuidar. Entrenar nuestras habilidades sociales nos aporta resultados excepcionales al respecto. Y no olvidemos que, a veces, son los pequeños detalles los que cultivan fuertes relaciones. A cambio, el valor de nuestro capital social es incalculable. Un mar de oportunidades.
Autor: Santiago Sousa – Dale Carnegie
Tutor X Edición Impulso Emprendedor.
Experto en comunicación comercial y desarrollo de modelos de negocio para proyectos emprendedores.